miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Cómo se explica que la economía alemana haya acabado convirtiéndose en la economía central de la Unión Europea?

La alta fiabilidad de la economía alemana durante el último siglo, esto junto su credibilidad en política monetaria durante buena parte del proceso de integración europea son unos ingredientes básicos que han permitido a Alemania tener una papel de liderazgo en Europa y el mundo. Otro elemento magnífico para la economía alemana ha sido la adaptación de su industria, la capacidad de conversión de manufacturas intermedias a una industria más compleja e intensiva, por ejemplo, el automóvil.

En los planes geopolíticos y estratégicos para el establecimiento del nuevo orden mundial después (y a finales) de la IIGM, en primera instancia, Alemania no era una pieza de ese nuevo puzzle. Es más, fue una máxima la neutralización y la división de Alemania para evitar que volviera a tener un alto peso relativo a nivel político y económico a escala mundial. Muestra de ello fue el Plan Morgenthau (1944).

No obstante, Alemania nunca fue una pieza fácil de substituir. Si dentro de los nuevos planes para este nuevo orden, Japón jugaba un papel indispensable en el continente asiático ante la desafortunada guerra civil en China (1927-1950), Francia debía jugar un papel substitutivo de Alemania para Europa. Eso no fue así por distintos motivos, uno de ellos fue la incapacidad de Francia de crear una industria de consumo y bienes intermedios, la incapacidad de ejecutar un nuevo liderazgo para Europa forzó a las fuerzas aliadas a un nuevo replanteamiento de la construcción europea y el orden mundial, donde Alemania, necesariamente tenia que jugar un papel.


Y así fue. Como cristalización política e histórica de ello podemos referenciarnos en el Plan Schuman (1950) y también en el establecimiento de la CECA (1951). La cristalización económica fue un poco antes, ante la crisis de abastecimiento en Europa (1947), los dirigentes del ERP (popularmente, denominado Plan Marshall)  indicaron la necesidad de la normalización productiva de Alemania. Ésta se produjo en 1951 con la vuelta de los estándares productivos de la preguerra.

Su capacidad industrial marcó la diferencia y el liderazgo durante en el desarrollo del comercio intra-europeo a partir de la creación del EPU (European Payments Union) en 1950  y la OEEC. Hecho que fortaleció la economía alemana y se convirtió en pieza principal del puzzle del comercio internacional.

Con la declaración de convertibilidad de 1958 por parte de muchos países, y por tanto la desaparición del EPU;  los tipos de cambio danzaban al ritmo de las instituciones nacientes del SBW (1944), como el Fondo Monetario Internacional. En esa tesitura,  la economía alemana siguió marcando el rumbo de las economías europeas mediante su tejido industrial y su fiabilidad monetaria. Como muestra de ello, los déficits comerciales acumulados por Francia a finales de los 60.

Un elemento significativo sobre la hegemonía alemana es que fue (y en esencia es) quien fue el referente en política monetaria desde los setenta para toda Europa. La entrada en el tablero del Sistema Monetario Europeo (1979) es un ejemplo claro. Un sistema que tiene como piedra angular el marco alemán.  Por tanto, la moneda alemana se convierte en la moneda de anclaje para todas la políticas monetarias europeas, elemento básico para la financiación de las economías.

Vale la pena mencionar la gran adaptación de Alemania a las dos grandes fases de Europa en el siglo XX. Si desde el fin de la IIGM hasta la primera crisis del petróleo en Europa predominaba un tipo de crecimiento extensivo, es decir, con muchos inputs para el crecimiento; a partir  de los años setenta, con el fin de la etapa dorada del capitalismo, éste muta a un tipo de crecimiento intensivo. La adaptación de la industria alemana estos acontecimientos la hacen mantenerse como economía líder en Europa y estratégica en el mundo.

Fue el proceso de Reunificación alemana en 1989 que cambió el curso de la historia. Donde la RFA tuvo que “armonizar” sus políticas con la RDA, elemento muy costoso para el Gobierno de Bohn. Cuestión que acabo precipitando a más velocidad la unidad monetaria europea pasando por la autopista del Tratado de Maastricht (1992). Integración monetaria, donde por cierto, Alemania impuso la esencia de su política monetaria; es decir, la independencia del Banco Central respecto al Gobierno.

El final del siglo XX y el inicio del XXI no fue fácil para Alemania. Los costes de la reunificación mermaron la economía central europea. Por eso, al inicio del siglo empezó con las reformas Hartz (2000-04) que aumentaron la flexibilidad del mercado laboral y reformaron las pensiones, entre otras muchas medidas. ¿Con qué objetivo? Recuperar la senda del crecimiento económico y el aumento de la productividad. Marcando una ventaja competitiva con muchos otros países europeos y preparando su economía para la continua dinámica globalizadora del siglo XXI. Tal dinámica vendría acompañada finalmente del estallido de la crisis económica y financiera de 2008, donde Alemania ha conseguido, de momento, seguir estableciendo en la Eurozona su hegemonía económica y monetaria.